Espíritu, diablo o demonio con apariencia de mujer que tiene contacto carnal con un varón.
En las leyendas de la Edad Media, un súcubo es un demonio femenino que acude a un hombre en sus sueños, especialmente monjes, para seducirlos y mantener relaciones sexuales, absorbiendo energía del hombre para mantenerse, a menudo hasta el punto de agotarlo o matarlo. Los más conocidos son Abrahel, Baltazo, Bietka, Filotano, Florina Vasordiel y Mancerinio. Uno de los más relevantes en la Demonología es Lilito, que se trasformaba en una mujer de opulentas formas y que gustaba de seducir a los artistas para que la utilizasen como modelo en sus creaciones, especialmente si se trataba de motivos religiosos. La leyenda de los súcubos es una explicación del fenómeno de las poluciones nocturnas y la parálisis del sueño.
Ejemplos de Súcubos extraídos de la mitología y la fantasía son:
Lilith y el Lilin (Judaísmo), Lilitu (Sumerio) y la Rusalka (eslavo).
De acuerdo con el Tratado Malleus Maleficarum, o el "Martillo de las brujas", los súcubos recogerían el semen de los hombres con los que han mantenido relaciones sexuales, y que a posteriori los íncubos usarían para preñar a otras mujeres. Los niños así concebidos eran supuestamente más susceptibles a la influencia de los demonios.
Desde el siglo XVI, el grabado de un súcubo en el exterior de una posada indicaba que el establecimiento también servía como un burdel.
Los súcubos sobreviven en el folclore tradicional y contemporáneo latinoamericano. Es el caso de la Fiura de Chiloé y de historia recurrentes sobre mujeres malignas sobrenaturales que aparacen al viajero (por ejemplo a los camioneros) en caminos solitarios, con la intención de seducir y provocar daño.
Por tanto, y resumiendo, este fue el nombre que desde la religión católica se le dio a las mujeres imaginarias que aparecían en los sueños sexuales del clérigo que aparecían como causa de la necesidad sexual que todo ser humano habitual posee, así como de la compañía sentimental, sin embargo, el celibato y la castidad son dones que el clérigo debe cultivar para vivir como Cristo, en cumplimiento de los votos monásticos que ha profesado y se podrían tomar como un sacrificio ofrecido a Él. Incluso puede contribuir al autocontrol general de la persona.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario